- Bueno, pues nada, te dejo en paz ¬¬ -digo coqueta y haciéndome la ofendida me aparto hacia mi lado de la cama.
Tú te ríes un poco, sólo un poco. Es una risa que susurra, casi como un suspiro divertido y, bajo las sábanas, tu pie izquierdo se enreda con mi pie derecho.
Sin intrigas, sin maniobras... Con simpleza y suavidad.
Tus dedos empiezan a acariciar los míos, mis células nerviosas vuelven a activarse casi antes de apagarse... recordándote antes de que sea físicamente imposible olvidar tu recuerdo en cada surco que tus dedos han dibujado en mi piel.
Estás aquí... A mi lado...
Seguimos cada uno en nuestro lado. Sin asfixiantes abrazos. Sin agobios. Sin intrusiones.
Tú en tu lado. Yo en el mío. Voy recuperando poco a poco el aliento. Mi respiración se hace más acompasada, más profunda.
Cada uno en nuestro mundo...
Menos nuestros pies...
Estás aquí. Ahí y aquí. Queriéndome sin ahogarme...
Sonrío y suspiro.
¡Ah! ¡Así que era esto lo que se sentía al ser simplemente feliz!
Y me voy dejando arrastrar por Morfeo mientras nuestros pies siguen danzando en su mundo aparte...
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