martes, marzo 15, 2011

Peque

- Mi peque... Mi niña... ¡Qué carita! ¡Madre mía! ¡Qué voz de niña! ¡Esos ojitos! ¡No me mires con esa carita por dios! ¡No! ¡Déjame verte! ¡Madre mía cómo estás!

Escucho... Mientras mi cuerpo tiembla y se retuerce... Mientras mis piernas todavía golpean la cama espasmódicas... Mientras mi placer se disuelve en ríos... Mientras mil escalofríos recorren cada nervio y centímetro de mi piel por cada milímetro que se mueven tus dedos... tu boca... tu aliento...

- Shhh... Tranquila... Respira...

El aire entra y sale agitado y raudo por mi boca acompañado por suspiros y gemidos, innundando mi desbocado torrente sanguíneo con oxígeno que nubla un poco mis sentidos.

- Respira...

Noto tu presencia un poco más cerca y mi cuerpo se sacude nuevamente en una convulsión que empapa sin freno tu cama como una marea imparable de suave espuma. Mis pequeños dientes apresionan con tal vez demasiada fuerza mi jugoso labio inferior.

Mis manos huyen y arañan el aire desesperadas por encontrar algo a lo que asirse y apretar con fuerza.

Las agarras con determinación.

- ¡Tranquila!

Tu voz me excita y me calma. Su suavidad y su firmeza. Aprieto los dedos con más fuerza y diez calambres me sacuden.

Te echas sobre mí agarrándome con más fuerza apretando con firmeza tus labios contra los míos. Entre la exitación y la sorpresa me revuelvo sin control, agitándome, erizándome y encabritándome en plena ebullición. Intentando liberarme.

Pero tú aprietas más y más fuerte mientras me besas sin aflojar la presión ni un segundo y al cabo de cierto tiempo inmedible que parece infinito, los espasmos empiezan a pasar, mi respiración comienza a normalizarse... y poco después puedo abrir los ojos...

Y te veo... Sonriente, paternal, satisfecho, observando mi cara, mi orgasmo, tu obra...

- ¿Qué tal, peque?

- ¡Miuuu!

Y escondo mi cabeza en tu pecho para que tu respiración, tu latir, se convierta en el mío...

- ¡Madre mía! La peque... ¡Madre mía...!