(...)
"- ¡Por todos los dioses! Si eso lo intentaran en mi ciudad...
- Ah, pero este sitio lleva mucho tiempo siendo así. La gente cree que es la manera de gobernar un país. Hacen lo que les dicen. Aquí a la gente la tratan como a esclavos. -Cohen funció el ceño-. Mira, yo no tengo nada contra los esclavos, ¿sabes?, como esclavos. De joven tuve algunos. He sido esclavo un par de veces. Pero donde hay esclavos, ¿qué esperas encontrar?
Ricewind pensó en aquello.
- ¿Látigos? -soltó por fin.
- Sí, a la primera. Látigos. Los esclavos y los látigos tienen un algo... sincero. Bueno, pues aquí no tienen látigos. Tienen algo peor que los látigos.
- ¿Qué? -preguntó Ricewind, con cierta expresión de pánico.
- Ya lo verás. (...)
Ricewind se encontró a si mismo mirando a la media docena de prisioneros que los habían seguido y que los miraban aterrados de lejos. Les había dado un poco de leopardo, que ellos se habían quedado mirando al principio como si fuese veneno y después se habían comido como si fuera comida.
- Todavía nos siguen -dijo.
- Sí, bueno... les has dado carne. -Cohen soltó una risita socarrona y empezó a liar un cigarrilo postcomida-. No tendrías que haberlo hecho. Tendrías que haberles dejado los bigotes y las uñas y te habráis quedado pasmado con lo que cocinaban. ¿Sabes cuál es el plato que mejor hacen en la costa?
- No.
- Sopa de oreja de cerdo. ¿Qué te dice eso de un sitio, eh?
Ricewind se encogió de hombros.
- ¿Que son gente previsora?
- Que algún otro cabrón se trinca el cerdo.
Se giró en la silla de montar. El grupo de ex prisioneros retrocedió a una.
- A ver, oídme -dijo-. Ya os lo he dicho. Sois libres. ¿Me entendéis?
Uno de los hombres más valientes habló.
- Sí, amo.
- No soy tu amo. Sois libres. Podéis ir donde os dé la gana, pero si me seguís os mataré a todos. Y ahora, ¡largaos!
- ¿Adónde, amo?
- ¡Donde sea! ¡Menos aquí!
Los hombres se miraron con cara de preocupación y luego el grupo entero, como un solo hombre, se volvió y se alejó al trote por el camino.
- Esos vuelven dirctos a su pueblo -dijo, con los ojos en blanco-. Peor que los látigos, te lo digo yo..."
viernes, diciembre 17, 2010
Tiempos interesantes - Terry Pratchett
lunes, diciembre 13, 2010
Labios compartidos - Maná
Labios compartidos;
labios divididos, mi amor...
Yo no puedo compartir tus labios...
Y comparto el engaño y comparto mis días y el dolor...
Pero no puedo más compartir tus labios...
Compartir tus besos...
Labios compartidos...
labios divididos, mi amor...
Yo no puedo compartir tus labios...
Y comparto el engaño y comparto mis días y el dolor...
Pero no puedo más compartir tus labios...
Compartir tus besos...
Labios compartidos...
Camas
Líquidos y sudores. Y promesas y súplicas veladas. Medio mentira, medio reales. Y besos. Y orgasmos. Y miradas. Cócteles de rencor mezclado con deseo. De añoranza. De cariño. De "te odios". De "cuánto te eché de menos".
Déjate una prenda... y cuando vuelvas a buscarla, deja otra... y después el cepillo de dientes...
Y dormirse, medio abrazados... después de tanto tiempo...
Y abrir los ojos y oir su respiración. Y buscar a tientas el reloj con la mirada y la ropa por el suelo.
- ¿Ya te vas?
- Sí, me voy a ir.
- ¡Qué guapa!
Uno, dos, tres besos.
- Hablamos.
Y la ciudad te envuelve con su manto de oscuridad. Al menos aún es de noche...
Un pájaro canta en cualquier rama, en cualquier parque. ¡Shhhhhhhhh! ¡Duérmete, joder, que aún es de noche!
Llegar a casa. Esparcir la ropa por el suelo del baño y regalarse con un poco de agua fresca y jabón.
Y meterse en cama. A su lado.
- Buenas noches, princesa, ¿lo pasaste bien?
- Sí, muy bien.
- Te eché de menos...
Y dormirse... medio abrazados...
Déjate una prenda... y cuando vuelvas a buscarla, deja otra... y después el cepillo de dientes...
Y dormirse, medio abrazados... después de tanto tiempo...
Y abrir los ojos y oir su respiración. Y buscar a tientas el reloj con la mirada y la ropa por el suelo.
- ¿Ya te vas?
- Sí, me voy a ir.
- ¡Qué guapa!
Uno, dos, tres besos.
- Hablamos.
Y la ciudad te envuelve con su manto de oscuridad. Al menos aún es de noche...
Un pájaro canta en cualquier rama, en cualquier parque. ¡Shhhhhhhhh! ¡Duérmete, joder, que aún es de noche!
Llegar a casa. Esparcir la ropa por el suelo del baño y regalarse con un poco de agua fresca y jabón.
Y meterse en cama. A su lado.
- Buenas noches, princesa, ¿lo pasaste bien?
- Sí, muy bien.
- Te eché de menos...
Y dormirse... medio abrazados...
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