viernes, diciembre 17, 2010

Tiempos interesantes - Terry Pratchett

(...)
"- ¡Por todos los dioses! Si eso lo intentaran en mi ciudad...
- Ah, pero este sitio lleva mucho tiempo siendo así. La gente cree que es la manera de gobernar un país. Hacen lo que les dicen. Aquí a la gente la tratan como a esclavos. -Cohen funció el ceño-. Mira, yo no tengo nada contra los esclavos, ¿sabes?, como esclavos. De joven tuve algunos. He sido esclavo un par de veces. Pero donde hay esclavos, ¿qué esperas encontrar?

Ricewind pensó en aquello.

- ¿Látigos? -soltó por fin.
- Sí, a la primera. Látigos. Los esclavos y los látigos tienen un algo... sincero. Bueno, pues aquí no tienen látigos. Tienen algo peor que los látigos.
- ¿Qué? -preguntó Ricewind, con cierta expresión de pánico.
- Ya lo verás. (...)

Ricewind se encontró a si mismo mirando a la media docena de prisioneros que los habían seguido y que los miraban aterrados de lejos. Les había dado un poco de leopardo, que ellos se habían quedado mirando al principio como si fuese veneno y después se habían comido como si fuera comida.

- Todavía nos siguen -dijo.
- Sí, bueno... les has dado carne. -Cohen soltó una risita socarrona y empezó a liar un cigarrilo postcomida-. No tendrías que haberlo hecho. Tendrías que haberles dejado los bigotes y las uñas y te habráis quedado pasmado con lo que cocinaban. ¿Sabes cuál es el plato que mejor hacen en la costa?
- No.
- Sopa de oreja de cerdo. ¿Qué te dice eso de un sitio, eh?

Ricewind se encogió de hombros.

- ¿Que son gente previsora?
- Que algún otro cabrón se trinca el cerdo.

Se giró en la silla de montar. El grupo de ex prisioneros retrocedió a una.

- A ver, oídme -dijo-. Ya os lo he dicho. Sois libres. ¿Me entendéis?

Uno de los hombres más valientes habló.

- Sí, amo.
- No soy tu amo. Sois libres. Podéis ir donde os dé la gana, pero si me seguís os mataré a todos. Y ahora, ¡largaos!
- ¿Adónde, amo?
- ¡Donde sea! ¡Menos aquí!

Los hombres se miraron con cara de preocupación y luego el grupo entero, como un solo hombre, se volvió y se alejó al trote por el camino.

- Esos vuelven dirctos a su pueblo -dijo, con los ojos en blanco-. Peor que los látigos, te lo digo yo..."