sábado, noviembre 22, 2008

Pequeñas putas

Hubo una vez un alma, una piedra preciosa, que incluso sin pulir resplandecía cálidamente a kilómetros de distancia. Un día su brillo llegó con un ala rota hasta el norte y atrajo a dos seres maravillosos que, cautivados por su pureza, la recogieron y entre sus manos la protegieron del frío. Y era el calor de esas manos el que, poco a poco, modelaba la forma de aquella piedra. Sin golpes, sin fuerza, la piedra se iba derritiendo poco a poco para amoldarse al pequeño hueco que quedaba entre sus manos. Y con cada pequeño cambio, la piedra era más y más hermosa y su brillo era mayor.

Pero esta belleza atrajo también a gran cantidad de otros seres, más indeseables. Seres que, sin haber reconocido el potencial previo de ese alma, encotraban ahora en su nueva maleabilidad un nuevo mundo de posibilidades. Unos y otros decidieron transformarla. Simplemente para su propio beneficio, sin importarles en realidad lo que ella pudiese sentir en cada momento. Y la piedra, que no comprendía todavía la dieferencia entre una bofetada y una caricia, se dejó atraer por ellos, que además estaban más cercanos, y que le mostraban sus propias marcas de heridas como si fuesen el único camino hacia el éxito (que no hacia la felicidad).

La golpearon en frío para esculpirla a su antojo y a cada golpe, la piedra se quebraba más y la mayoría de los pedazos más valiosos se perdían como esquirlas en el aire.

La piedra dejó de ser preciosa para convertirse simplemente en una estatua opaca a imagen y semejanza de sus nuevos escultores. Nada de lo que había de ella misma se salvó a la cruel manipulación, ni tan siquiera la parte dulce que deseaba entregarse a esa manipulación. Ya no deseaba nada, sólo hacía. Desaparecieron los adjetivos y tan sólo quedaron los verbos.

Y dejó de sentir. Tal y como le habían enseñado. Se convirtió en tan sólo un reflejo dolorido de sus propios autores. Reproduciendo lo que ellos decían, lo que ellos deseaban que ella dijese. Y su literatura perdió todo tipo de magia para convertirse en palabras frías y vacías puestas en sus dedos a la fuerza por otra persona. Otra piedra cuya historia desconozco y de la cual no sé si alguna vez tuvo alma. Pero si la tuvo, la enterró bien profundo, donde se entierran los sentimientos cuando alguien decide dedicarse a los experimentos sociológicos.

Ahora tiene un juguete, por el que no siente aprecio, pena ni gozo. Ambas se dan a la cámara, a la audiencia, sin darles nada en absoluto, porque nada les queda para dar. Prostituyen sus escritos y sus cuerpos desprovistos de placer para otros, desprovistos también de sentimientos y ambiciones que vayan más allá que una descarga rápida, un desahogo desprovisto de placer.

Ahora, son tan sólo un par de pequeñas putas jugueteando distraidamente con el mundo. Y aparentan dos mitades de la misma falsa persona haciendo que ese personaje escriba lo que ninguna de las dos puede llegar a sentir... Porque incluso cuando se besan para los fans, ya no les queda nada.

3 comentarios:

Casi Nadie Lo Sabe dijo...

Cuanto tiempo hace que no te leo por aquí, ni en el msnger... :(

Besos Kimu :*

ami dijo...

y quedó como el guijarro humilde de León Felipe. lástima

kimuko dijo...

Pues no lo sé, hace tiempo que desapareció de mi vida y la verdad, no la echo nada de menos.

Gracias por tu visita ami :*